Gritó en la altura. Wanchope Abila marcó el primer gol y forzó el tercero, en contra de Caicedo. (Foto Clarín)

Corre Wanchope. Desafía a los 2850 metros de altura de Quito. Encara a todo vapor cuando recibe el pase exacto de Alexis Mac Allister. Es un “9” de pura cepa, pero no patea inmediatamente. Engancha y elude al arquero que sale apurado. Y define de zurda. Y lo grita hasta quedarse sin aliento. Abila sabe que no sólo acaba de dar un paso muy grande de cara a las semifinales; también, un espaldarazo hacia la titularidad.

Porque se fue Darío Benedetto al Olympique de Marsella. Porque buscaron a Jean Pierre Gignac, Guido Carrillo, Felipe Caicedo y Mauro Icardi. Porque llegaron Jan Carlos Hurtado, el venezolano sensación en Gimnasia, y Franco Soldano, el ex Unión recién repatriado del Olympiacos griego. Le hacen sombra a Ramón, que heredó la camiseta del Pipa (en el campeonato; en la Libertadores sigue utilizando el «17») y está dispuesto a no dejar dudas de que debe ser el primer centrodelantero de la fila para Gustavo Alfaro.

“Estoy con confianza, mis compañeros y el cuerpo técnico me la dan. Yo sólo tengo que trabajar y demostrar. Quiero ganarme el puesto, el número que tenga en la espalda es indiferente, yo quiero jugar. Por supuesto que es significativo, lo utilizó el mejor goleador de la historia del fútbol argentino”, afirmó Wanchope, feliz por el gol que abrió el partido y por esa guapeada del final que derivó en el gol en contra del ecuatoriano Luis Caicedo. Fue una clara referencia para Martín Palermo, máximo artillero de la historia del club.

Wanchope hizo una gran pretemporada. Bajó de peso y está en un gran momento físico. “¿Sensaciones? Cansancio… de haber hecho un esfuerzo importante. El equipo entendió el mensaje de que había que correr parejo. Gustavo es un técnico que analiza muy profundo para que nosotros ejecutemos. Obviamente, el hombre de más con el que nos quedamos en el primer tiempo nos favoreció”, reflexionó el delantero. Y destacó el nivel colectivo: “Venimos levantando. Con Almagro, con Aldosivi y con Liga volvimos a la realidad. Hay que seguir, la revancha va a ser tan dura como esta, no hay nada dicho”.

Hizo 24 goles en 54 partidos con la camiseta azul y oro; 22 en 30 encuentros como titular; 6 en 10 choques de eliminación directa, 9 con Boca, uno con Huracán. El área es su hábitat; la Libertadores, un torneo que le sienta bien.

A fin de año, Boca debe pagarle 4 millones de dólares a Huracán por el 50% de la ficha o cederle ese porcentaje en una futura venta. Abila juega para que le compren el pase. Y para corporizarse en un ídolo xeneize.