01 09 19 DEPORTES SUPERCLASICO RIVER vs BOCA Foto German Garcia Adrasti

El Superclásico, ese que nos vendieron como el gran partido del campeonato, terminó como alguna de las más rebuscadas series de Netflix, esas que dan ganas de abandonar antes de llegar al segundo capítulo. Serán tres episodios del River-Boca, ya llegará octubre con dos duelos coperos en un mes caliente por la coyuntura nacional. Pero hablemos del saldo de este horror show.

¿Quién salió más fortalecido? River podrá decir que fue el único que propuso un juego ofensivo, el que tuvo ambición. Y es cierto. A fin de cuentas, Marcelo Gallardo no se apartó de su libreto. Fue intenso en la presión, tuvo el control de la pelota e intentó llegar al área rival a través de una circulación agresiva. Así y todo, no generó situaciones claras frente a Esteban Andrada, el arquero récord. Nunca quedó mano a mano, algo habitual en este equipo que se coronó campeón de América. Hubo un tirito de Nacho Fernández en el primer tiempo. Otro de Lucas Martínez Quarta que se perdió por encima del travesaño en el arranque del complemento y un remate mordido de Santos Borré que controló el número uno xeneize. Después, buscó por afuera cuando Boca se cerró por adentro, pero no encontró el camino liberado.

Boca podrá jactarse de haber salido airoso ante un adversario que le había dado la paliza de su vida en Madrid. En el aspecto estrictamente emocional era necesario terminar entero este choque con River. Pasar septiembre tranquilo y después meterse de lleno en el mata-mata de la Libertadores. “Equipo chico”, se gritó desde las tribunas del estadio de Núñez. Gustavo Alfaro supo dirigir Olimpo, Arsenal, Atlético Rafaela, Tigre, por citar algunos casos. Sabe perfectamente cómo preparar este tipo de partidos. Había advertido en diciembre, cuando todavía no era el entrenador de Boca, que había que poblar el mediocampo para evitar el juego interno que tan bien maneja River. Metió triple cinco: Daniele De Rossi, Nicolás Capaldo e Iván Marcone. Jugó largo para Jan Carlos Hurtado. Ubicó a Franco Soldano más cerca de la raya para tapar la subida de Milton Casco. Resignó audacia y aplicó orden. Recién arriesgó con los cambios en el último tramo del partido con Sebastián Villa, Bebelo Reynoso y Carlos Tevez. Sí, dejó afuera a Carlitos, un referente, nada menos. No tenía a Eduardo Salvio, Mauro Zárate ni Wanchope Abila, todos lesionados.

¿Cuántas situaciones generó River en este escenario? Si hubiera estado fino, podría haber desarticulado la mezquina propuesta del rival. Hubo una incapacidad, está claro. En definitiva, apenas pateó una vez más que Boca a puerta (5-4). Si se contabilizan los remates totales, son 17 a 5. Pero, ¿cuántos comprometieron a Andrada? Boca tuvo un tiro libre que podía haber cambiado la historia, un disparo de Tevez desde un ángulo muy cerrado que tapó Franco Armani.

Boca no tuvo vergüenza para encarar este partido con la premisa de no perder. River no supo cómo resolver la telaraña azul y oro. ¿Puede ser un anticipo de los clásicos que se vienen en octubre? Dos empates pueden derivar en una hipotética definición por penales. O un triunfo por el gol de visitante. Alfaro dejó claro que no se regalará ante Gallardo. Y el Muñeco deberá saber que enfrente tendrá un equipo que no se la hará tan fácil como el Mellizo en la última Libertadores.