La síntesis de la debacle. Arias vencido. Soto triste. River festeja, Racing sufre. (Foto Clarín)

La pregunta se hace carne en el Cilindro: ¿qué te pasa campeón?

Las secuencias del final, un Racing vapuleado y con parte de la gente cantando por el equipo humillado, casi al punto de ser hincha de la hinchada, recordó a las peores versiones. Y si algo cambió en el club en el último lustro fue, justamente, esa imagen vinculada a los padecimientos, a «todo nos pasa a nosotros» producto de cuatro décadas de debacle institucional y, en consecuencia, deportiva, matizada con la Supercopa ’88 hasta la gesta del paso a paso en 2001, con Reinaldo Carlos Merlo a la cabeza.

El «Racing Positivo» desde el regreso de Diego Milito motivó un cambio de mentalidad. Y la Academia pasó a ser un equipo competitivo en los últimos cinco  años, siempre participando en el ámbito internacional. Ganó dos títulos en un lustro, todo un logro. Y por supuesto, se espera un salto de calidad. Algo que no parece encontrar por estos días.

La serenata es larga, pero el propio técnico sabe que si la orquesta desafina deberá irse con su música a otra parte.

¿Se puede arruinar a un campeón en sólo un puñado de meses? ¿Se olvidaron los futbolistas de jugar? ¿No da en la tecla Eduardo Coudet? Muchas incógnitas rodean el presente de Racing. Y el éxito del 31 de marzo, el empate en la cancha de Tigre que derivó en la vuelta olímpica, no debe confundir: de los últimos diez partidos, la Academia sólo ganó uno.

Fue en la Copa de la Superliga ante Tigre, 2 a 1, pero no alcanzó para dar vuelta la serie. Quedó eliminado ante el Matador, que había descendido pero luego sería campeón del petit torneo. Iván Pillud habló de «cabezas quemadas» y «desgaste psicológico». Correr detrás de la zanahoria puede cansar hasta al más enérgico conejo, si se permite la analogía. Pero nunca dejará de tener hambre. ¿Se relajó el plantel? ¿Se durmió en los laureles?

Hay un bajón individual que se puede ver: Gabriel Arias era un arquero invencible, que incluso superó a la racha de valla invicta de Sebastián. Ya había mostrado falencias en la Copa América bajo los tres palos de Chile. Hoy no es sinónimo de seguridad. Leonardo Sigali pareció que quería irse antes de la cancha. La expulsión, un planchazo fuera de tiempo ante Matías Suárez, dejó a Racing con un hombre menos. Marcelo Díaz perdió el puesto porque de ese pulpo chileno que conquistó todas las miradas ya no hay rastros. Matías Zaracho arrastra una lesión. Pintaba para ser el mejor volante del fútbol argentino. No encuentra su eje. Lisandro López está perdido. Y los refuerzos todavía son una incertidumbre: en cuatro partidos, Matías Rojas no dio un pase como en Defensa y Justicia. David Barbona llegó excedido de peso. Nicolás Reniero apenas jugó un partido.

¿Y qué responsabilidad tiene el Chacho? Pide paciencia y tiene el crédito del campeonato. Pero ya se había advertido de sus dificultades en los mano a mano. Quedó eliminado con Boca Unidos del Federal A en la Copa Argentina. No puede con River. Y el sábado a la noche sacudió: «No hicimos nada de lo planificado». Es peligroso que el mensaje no llegue al jugador. ¿Ya no creen en Coudet? ¿Podrá darlo vuelta después de una paliza tan humillante? Es cierto que enfrente estaba el mejor equipo del país, el campeón vigente de América. Pero los tres goles en dos minutos y medio obedecen a un descontrol táctico pocas veces visto.

No se trata de haber sacado 2 puntos de 9 en el campeonato. El flojo nivel de Racing viene de arrastre, incluso desde antes de ser campeón. La serenata es larga, pero el propio técnico sabe que si la orquesta desafina deberá irse con su música a otra parte. Es hora de dar un mensaje, cambiar fórmulas e intérpretes.