Con la felicidad entre las manos. Oscar Ustari y el trofeo del Torneo Intermedia, el primer título oficial del Liverpool uruguayo. (Foto Clarín)

El estado del WhatsApp devuelve una frase que pinta de cuerpo entero a Oscar Ustari. “El que la sigue, la consigue”, reza. Está acompañada por un brazo, el emoticon de la fuerza. Y es, a fin de cuentas, el reflejo de una enorme capacidad de resiliencia. Porque fue el arquero de moda en el fútbol argentino cuando todavía no había cruzado la barrera de los 20. Se hizo cargo de los tres palos de Independiente, fue campeón juvenil, medalla dorada y mundialista en Alemania 2006. Incluso llegó a estar en los planes del Barcelona, nada menos. Sin embargo, poco se supo de este amigo de Lionel Messi desde 2012, cuando dejó Boca tras una temporada con altibajos. Hasta el domingo pasado, el día que volvió a ser noticia en Uruguay.

“Como no salgo mucho a hablar con la prensa, soy consciente de que la gente no sabía nada de mí y ya me daba por retirado”, dice Ustari desde Montevideo, donde se consagró con Liverpool en el Torneo Intermedia. Nacido hace 33 años en América, un pueblo bonaerense del partido de Rivadavia, atajó un penal decisivo ante el River charrúa y el humilde equipo de La Cuchilla ganó su primer título oficial. Y está feliz, claro. Como nunca en esta carrera marcada a fuego por las lesiones. Se lo cuenta a Clarín en una charla franca, sin casete, porque Osky es frontal y nunca tuvo dobleces.

-Se te había perdido el rastro.

-Es que después de la última lesión no había vuelto a jugar. Se dio esta posibilidad de Liverpool gracias a Paulo Pezzolano, el técnico que apostó por mí. Yo ya había decidido dejar de jugar, pero me entrenaba todos los días en el complejo de Newell’s, donde me dieron permiso para trabajar con César Jaime, el entrenador de arqueros. Lo hacía, más que nada, por si aparecía alguna oferta. Aunque viví muchas faltas de respeto en ese tiempo.

-¿A qué te referís?

-Muchos clubes no confiaban en mí. Me hacían esperar, me decían «no firmés acá, que te queremos con nosotros». Me llamaban a la madrugada y te decían «esperá». Después, no me atendían el teléfono y no me tenían en cuenta. O faltando poquito para que cierre el libro de pases te decían «no se va a poder dar» cuando vos estabas contrarreloj. Después, empezaron decir que era un jugador muy caro, hablaban de sueldo y contrato y lo único que yo quería era reinsertarme en el fútbol después de la lesión.

-¿Dudaban de tu condición física?

-Sí, llamaban a mis espaldas a los que me habían entrenado. Se comunicaron con el preparador físico, el kinesiólogo y hasta el médico que me operó en México. Y todo el mundo les decían que me habían dado de alta.

-¿Cuánto tiempo te entrenaste solo?

-Me rompí el tendón rotuliano jugando para Atlas. Me recuperé en cinco meses y medio y en el club ya tenía todo listo para renovar. Pero a los cuatro días me dijeron que no entraba en los planes del cuerpo técnico, a pesar de que yo era un jugador importante del equipo, si hasta me había tocado ser capitán. Y me agarró de sorpresa. Faltaban dos fechas y no me dejaron jugar. Querían que empezara directamente la pretemporada. Fue todo muy raro. Después, los extranjeros tuvimos que salir del club. Entonces, la gente se quedó con el último partido de Ustari caído, agarrándose la rodilla y a todos les costaba confiar si estaba bien o no. Yo ya estaba curado, dado de alta, pero más cerca del retiro que de seguir jugando. Me había cansado un poco de nuestro ambiente. Sentía que no le tenía que demostrar nada a nadie, más en ese momento. Hasta que apareció Liverpool y me motivó.

-¿En serio a los 33 años pensabas en dejar de jugar al fútbol? Para el arquero la vida útil es más larga que la de cualquier jugador.

-Yo la pasé mal y siempre la peleé, pero llega un momento que, después de que te pasan cosas así, ponés en la balanza que no estás solo, que está la familia. Veía que llegaba el fin de semana y podía compartir más tiempo con mis hijos, eso sumado a la tomada de pelo que sentí, hacía que cada vez me convenciera más de que tenía que retirarme y te cambia el chip. Pero, a su vez, algo me decía que siguiera levantándome todos los días para entrenarme. Creo que elegí la mejor opción.

-¿Quién te convenció de que todavía tenías hilo en el carretel?

-Mi familia me alentaba todo el tiempo para que no dejara; pero también, que yo tenía que ponerle el pecho a la situación y decidir. En definitiva, sos vos el que está parado abajo del arco. Después, mis amigos. Mi entorno que es muy cerrado, pero ellos siempre me decían «pensalo bien, son decisiones que se toman para siempre» porque yo tampoco soy uno de esos que dice «me retiro y después vuelvo». No soy un mamarracho. Así es mi forma de pensar. Así que me tomé con calma las cosas y salió todo bien.

Campeón azul y oro. Ustari, junto a Franco Sosa y Santiago Silva. Ganó la Copa Argentina 2012 ante Racing. (Foto Clarín)

-Fuiste campeón juvenil y olímpico con la Selección. Sin embargo, el domingo dijiste que el título más importante de tu carrera fue el que conseguiste con Liverpool. ¿Por qué lo sentís de esa manera?

-Por todo lo que pasé, porque mi familia me vio mal. Después de la lesión pasé una situación muy complicada de salud, nunca me había pasado algo así. Siempre que me lesioné tuve un contrato de respaldo y ahora que estaba libre, me había pegado muy duro. Liverpool era una apuesta del entrenador, pero también, una mía, no tengo dudas de que fue el más importante. Ojalá hubiera ganado algo con Independiente, es un sueño a cumplir; lo mismo en Atlas, que hacía 62 años que no salía campeón. Me levantaba todas las mañanas soñando con eso, después las cosas no se dieron. ¿Cómo no va a ser importante?

-¿Te deprimiste?

-Estuve mal, volví a la Argentina, me encontré con una sociedad que no está bien. ¿Viste cómo vivimos? En una situación de desespero. Uno se había acostumbrado a que lo normal sea normal y eso en Argentina no pasa. Sucedieron algunas cosas que me afectaron la salud y era todo producto del estrés que me generaba estar allá, sin equipo. Sentís que molestás en tu casa, que te sobra el tiempo y no tenés nada de qué ocuparte… Fue muy difícil.

-¿Hiciste terapia?

-Yo estoy del lado de la terapia, ayuda mucho, pero no fui al psicólogo. Me aferré a la familia, a los amigos de fierro y traté de llevarlo de la manera que pude.

-Fuiste el arquero de moda: Independiente, la Selección juvenil, el Mundial, España, Boca… ¿Sentís que tuviste un pico y después se pinchó tu carrera?

-No, nunca lo sentí así. En momentos importantes, cuando estaba cerca de ser el arquero de la Selección, siempre entraba a un quirófano. Nunca dudé de mis condiciones y si a mí se me pincharon cosas fue producto de las lesiones. Nunca me sentí un fenómeno cuando estaba en un gran nivel ni un desastre cuando me metieron seis goles jugando en Boca contra San Martín de San Juan. Donde atajé siempre me recibieron bien, cumplí. Uno no puede decir que se pinchó. Si me pongo a ver recortes del archivo, ¿cuántas veces me vino a buscar el Barcelona? En el fútbol son momentos, tenés buenos y malos, pero yo siempre jugué en Primera División y fui titular.

Esa maldita rodilla. Ustari pisó un pozo durante una gira de la Selección en Nigeria, se rompió los ligamentos y se perdió la Copa América 2011. (Foto Clarín)

-¿Y qué explicación le encontrás a tantas lesiones?

-Todo el mundo me dice que tengo que escribir un libro con las lesiones que viví y en los momentos que se dieron. Antes de la Copa América 2007 me desgarré los rotadores de la cadera, estaba casi vendido al exterior. En 2011 estaba convocado para la Copa América que se iba a jugar en Argentina, fui a una gira (por Nigeria y Polonia), pisé un pozo en una cancha y me rompí los ligamentos, justo seis meses después de haber estado peleando el descenso (sic) con Getafe y haberme roto la mandíbula. Son cosas que la gente no sabe. Lo único que se decía era que soy de cristal, que por cualquier cosa me rompo, me hubiera gustado haberme desgarrado, pero cada lesión era una rotura de ligamentos.

-¿Qué enseñanza te dejó?

-A mí nadie me obligó a jugar al fútbol. Siempre lo hice porque quise. Me aguanté todo porque amo mi profesión, es lo que me apasiona. Por suerte, mi entorno siempre fue cerradito, no dejo entrar cosas nuevas. Ni cuando estuve en la cresta de la ola ni cuando me tocó estar ocho meses parado tuve muchos amigos. Siempre fueron los mismos. Son momentos que tocan pasar, hay que aguantársela.

-Con 19 años decías: el fútbol no me gusta. ¿Seguís pensando igual?

-Mirar partidos de fútbol, hasta el día de hoy, me cuesta. Podés ver resúmenes. Pero a la gente le caía mal que un jugador que está en Primera División, que tiene un nombre, dijera eso. Podés preguntar en cualquier club en el que estuve si Ustari llegó alguna vez tarde, si le faltó el respeto a alguien. En casi todos los equipos me tocó llevar la cinta de capitán y estar en un grupo de referentes. No soy Batistuta. El Bati decía «a mí no me gusta el fútbol» pero hacía 50 goles. Era un monstruo. Mi representante me decía: «Hay cosas que no se pueden decir». De los 18 años hasta ahora aprendí mucho, sé qué tengo que decir y qué no. Con el tiempo uno va madurando, el cascarón se hace más duro.

Fanático del básquet, Ustari mostró una virtud de este deporte que todavía conserva: imantar la pelota, no dar rebote. Jugaba en Rivadavia, pero pronto decidió que aunque tenía el futuro en sus manos no sería con una pelota anaranjada. «No iba a llegar a ningún lado con el básquet y yo quería vivir de esto. A los 13 años me fui de casa y ya sabía que iba a jugar al fútbol. Ahí empezó mi carrera. Me probé en River, quedé, pero elegí Independiente por mi abuelo», dice.

Amor rojo. Ustari festeja su único gol, ante Quilmes, de penal. El arquero es fanático de Independiente y sueña con pegar la vuelta. (Foto Clarín)

-¿Creés que vas a regresar a Independiente?

-No sé… No porque yo no quiera, eh. Pero la gente solamente se acuerda de Ustari porque grité un gol cuando jugaba para Boca. Fue un desahogo personal. Yo estaba pasando una situación muy brava. A mí papá le habían diagnosticado cáncer, quería volver al país y en Independiente no me atendieron el teléfono. Busqué por todas las formas volver al club, sabía que iba a pelear la permanencia. Cuando se jugaba la sexta fecha y estaba todo dado para firmar por Boca, recién ahí recibí un llamado para preguntarme si era cierto que yo volvía por el alquiler de una casa más grande para poder traerme los muebles de España. No quería sueldo, nada. Incluso, casi se cae lo de Boca porque lo extendí lo más que pude para que Independiente me atendiera. Fui a la cancha y nunca se enteraron. Les dije que ya era tarde y que había asumido un compromiso con Boca.

-¿Te podés reconciliar con los hinchas?

-Entiendo en gran parte a la gente porque el club estaba viviendo un momento particular, pero ellos también me echaron la culpa a mí. Por las formas en que llegaron los insultos, me querían hacer creer que Independiente se fue al descenso porque grité un gol. Y la verdad, se fue por otros manejos. Me salió así. Justo estaba convocado para la Selección, llegué destrozado a Ezeiza, me agarró (Alejandro) Sabella y me dijo: «A la gente se le va a pasar». Pero no a todos se les pasó. Es la primera vez que cuento esto.

El grito que no le perdonan. Ustari se desahogó contra Independiente cuando jugaba en Boca. (Captura TV)

-Si te hubiera ofrecido Independiente el arco, ¿hubieras vuelto?

«Oscar, venite», me tendrían que haber dicho y ahí hubiera estado. Cumplí el contrato con Boca, me preguntaron si podía seguir y les dije que no porque mi idea era vivir afuera. Cuando Independiente descendió, me llamaron de una radio partidaria y me preguntaron si estaría dispuesto a volver en esta situación y contesté: «No sé si volvería, no depende de mí, el club tiene un arquero, nadie me llamó». Y los títulos eran: «Ustari no volvería a Independiente». A veces, las noticias se manipulan como mejor se venden, hay que entenderlo así, pero me molestó mucho. Nunca aclaré la situación porque en ese momento, si decía algo, era tratar de apagar el fuego con gasolina. Por eso me mantuve callado. A los 13 años era de Chacarita por el Flaco Vivaldo. Con el tiempo, me hice de hincha de Independiente y así me voy a morir. Si la gente me castiga por un error, que entienda que una de las cosas que me motorizan para volver a Independiente es demostrarles que quiero al club. Si les tengo que pedir disculpas y me quieren putear, ahí estaré todos los fines de semana. Pero nunca me dieron la oportunidad. Ni siquiera me llamaron cuando estuve libre y no había arquero.

-¿Volverías a esta Argentina colapsada por la grieta, la situación económica y una sociedad violenta?

-Si no consigo nada y sale algo de la Argentina, no cierro las puertas. Pero es difícil porque uno piensa en los hijos. Acá pasé cosas muy feas por fuera del fútbol. Sufrí robos, algo que en otros lugares nunca me pasó.

-¿Cómo es ser amigo de Messi?

-Yo lo tomo con calma, no es que todo el tiempo hablo con él; la semana pasada lo llamé para preguntarle por su lesión, quería saber cómo estaba. No lo quiero andar jodiendo mucho.

-Muchas veces se criticó la falta de carisma de Messi. En la Copa América vimos un capitán que pegó un golpe en la mesa y muchos lo valoraron, más allá de su talento. ¿Ese es el auténtico Lionel?

-No sé si es el verdadero Messi. No sé… A lo mejor Leo hizo lo que sentía y ya está. Porque también del otro lado se escuchaba que «no va a ser igual que este (sic), por más que se enoje no ganó nada». Por más que Leo haga lo que haga, pobre chico, siempre lo van a comparar, siempre le van a estar buscando algo en vez de disfrutarlo. Me tocó jugar en España, México, Inglaterra y Uruguay y en todos esos lados me hablaron maravillas de Messi. En el único lugar que escuché críticas fue en Argentina. El problema somos nosotros. No tengas dudas. Nadie se puso a pensar si es fácil ser Messi. Si se va de vacaciones, en qué anda, no sé… Es una persona que no tiene necesidad de volver a la Argentina para que lo critiquen, lo molesten o le inventen cosas, pero el chico viene y quiere dar todo por el país. Hay muchas cosas que la gente no sabe.

-¿Cómo viviste este proceso de la Selección, esas finales perdidas?

-Estuve muy amargado porque tengo muchos amigos adentro. Soy hincha de la Selección, por más nombre que haya o sea quién sea el entrenador, ahí adentro hay gente que no sale a la cancha pero hace mucho por el equipo. Lamentablemente, no se le dan los resultados. Hay que desearles lo mejor.

-¿Te ilusionás con una convocatoria de Lionel Scaloni?

-Te digo la verdad, tengo 33 años y hay chicos mucho más jóvenes, con condiciones espectaculares. Agarré un muy buen nivel en México, pero estaban Agustín (Marchesín), el Patón (Guzmán), arqueros que iban seguido a la Selección y a mí no me tocaba. A todos nos pasa el tren del tiempo. Yo trabajo para ser el mejor en mi club y si llega una convocatoria, no hay dudas de que iría, pero no gusta postularme.

(Entrevista publicada por Daniel Avellaneda en Clarín)