El último clásico. River y Boca empataron 0 a 0 en la Superliga. (Foto Clarín)

Después del 9 de diciembre, eran pocos los que creían que se encontrarían con un nuevo River-Boca en la Copa Libertadores. Aquella final en Madrid marcó un quiebre en la historia de los Superclásicos. El triunfo millonario en el Santiago Bernabéu, el legendario gol del Pity Martínez para cerrar la serie, la frase de Marcelo Gallardo en pleno campo de juego («después de esto no hay nada, nada») dieron paso a la jactancia de la banda roja y a un mazazo difícil de asimilar para los xeneizes.

Sin embargo, 10 meses después habrá otro derby argentino en la semi. A diferencia del duelo en España, que debió jugarse en el Monumental pero sufrió un increíble desarraigo producto de serios incidentes, tendrá el gol de visitante como estrella invitada. Y desde lo futbolístico cabe preguntarse qué actitud tomará Boca, cauteloso al extremo en el partido de la 5.ª fecha de la Superliga. También, dos preguntas que habrá que responder en estos 180 minutos que marcarán el rumbo de unos y otros durante un octubre caliente: ¿quién tiene más para perder? Y en el caso de que el finalista sea azul y oro, ¿será una revancha?

Boca está en una encrucijada. Tomó impulso en el torneo doméstico hasta estacionarse en la punta de la tabla y forjó una identidad de la mano de Gustavo Alfaro, un entrenador que está dispuesto a recuperar la mística que se construyó en la época dorada bajo las órdenes de Carlos Bianchi. El equipo tiene rasgos distintivos: juego directo en ataque, visión de contragolpe y pelota parada. La fórmula funciona. Después, es cuestión de gustos. Los números lo avalan: supera el 75% de los puntos.¿Alcanzará para sostenerse en el cargo en el caso de una eliminación? Cuando Lechuga habla de que todo es «finito» para definir un año de trabajo en dos partidos tiene razón. Pero abre el paraguas. También dijo en enero, cuando asumió su cargo tras dejar intempestivamente Huracán, que agarró el fierro xeneize para ganar la Libertadores. Boca tiene más para perder, sin dudas. Y a la vez, una posibilidad de redención.

¿Se puede hablar de revancha? El partido no tiene el mismo tenor que aquel. River ganó en Madrid, casi un anticipo de lo que sería una final única. Si Boca lo deja afuera en este mano a mano, será un golpe duro para Gallardo y su banda roja, pero habrá otro escollo: Gremio o Flamengo el 23 de noviembre en Santiago de Chile. Ganar la Libertadores ante uno de estos dos rivales brasileños habiendo eliminado a su máximo rival y vigente campeón le daría un condimento extra a la séptima.

Pero esto es ir muy lejos. River tiene argumentos futbolísticos para repetir. Y menos para perder desde lo deportivo, no así en el aspecto económico. Un premio de 12 millones de doláres para su castigada economía no es para desperdiciar. Gallardo es un experto en el mata-mata, a decir de los brasileños. Se impuso en 49 de 60 duelos. Y confeccionó el mejor equipo del último lustro en Sudamérica. Nadie lo puede discutir: ganó 10 títulos, 7 internacionales.

En el River que busca aguantar su supremacía a nivel continental y el Boca sediento de victoria se definirá la cuestión. La palabra revancha le queda demasiado grande al partido. El tiempo dirá si esta Copa sabe a la continuidad de la gloria para uno o redención para otro.