En acción. Juan Pablo Carrizo en el arco de Cerro Porteño. Regresa al Monumental con un pasado pesado. (Foto Twitter)

La anécdota data del 1° de mayo de 2011, después de una extraordinaria actuación ante Racing. Y parece fresca por la reciente (y aplastante) victoria de River en el Cilindro y los reflectores que iluminan al arquero en la previa del duelo copero.

Juan Pablo Carrizo había tapado todo. Sostuvo a su equipo a pesar de la expulsión del uruguayo Juan Manuel Díaz y terminó ganando con un gol de Mariano Pavone de penal. Fue la gran figura del parido y mereció 10 puntos para este periodista de Clarín. Lo que siguió fue una charla en Castelar, en pleno feriado. El número uno, orgulloso por su trabajo bajo los tres palos, enseñaba un manojo de llaves. «Me las lanzaron de la tribuna», decía entre risas. «No las tendrías que haber agarrado. Si te las arrojaron fue con mucha mala onda. Tiralas», fue el consejo. JP se rió conservó el trofeo de guerra. Lo que siguió fue una debacle que concluyó en el inédito descenso a la B Nacional con errores garrafales en los dos siguientes clásicos: ante Boca, nada menos, y contra San Lorenzo.

Para Carrizo, un apellido legendario en Udaondo y Figueroa Alcorta porque le hizo honor Amadeo, tal vez haya sido insignificante ese manojo de llaves que voló desde la tribuna. Pero marca un rasgo de su personalidad: no le entra una bala. Quedó claro cuando destrató a Ubaldo Matildo Fillol, el histórico Pato que por estas horas declaró que no le guarda ningún rencor.

«Pareció que me tuve que ir y me importaba todo un carajo, pero no fue así. Me tuve que ir después del quilombo», declaró Carrizo, quien volvió al Monumental, el escenario de su peor momento deportivo, esta vez con la camiseta de Cerro Porteño.

Lágrimas. Juan Pablo Carrizo el 26 de junio de 2011, el día de la Promoción ante Belgrano. (Foto Clarín)

Como si fuera a sentarse en el banquillo de los acusados en lugar de hacerlo bajo su hábitat natural, Carrizo afirma: «Voy a respetar lo que digan los hinchas». El veredicto de la culpabilidad por el oprobio de la B Nacional no es sólo patrimonio del santafesino de 35 años. Desde Daniel Passarella, el peor presidente de la historia, hasta Juan José López, el técnico de la coyuntura comparten responsabilidades. Ni hablar de Pavone, el que marcó el gol en la cancha de Racing pero no pudo desde los mismos doce pasos ante Juan Carlos Olave, número uno de Belgrano.

«Al descenso lo superé, pero lo siento mío, es parte de mi historia. Uno juega para ganar. Se aprende más que de levantar una Copa», reflexiona Carrizo, campeón con River en 2008. Aunque de eso nadie se acuerde en Núñez.

Arquero con pasado en la Selección Argentina y sin tanta suerte en el fútbol europeo (Lazio, Zaragoza e Inter), regresa con el Ciclón de Paraguay. ¿Qué habrá hecho con aquellas llaves malditas? Hoy tiene en sus manos el candado de su arco, ese que espera abrir de par en par River.