Regalo del cielo. De La Cruz celebra el gol del empate ante Cerro Porteño. (Foto Clarín)

Sucedió el 24 de enero en el Monumental. River caía con Unión y Marcelo Gallardo movió el banco. Afuera Nacho Fernández, adentro Nicolás De La Cruz. Una, dos, tres pelotas perdidas y fastidio. Y broncas contra el uruguayo. Llegó el segundo gol santafesino y los murmullos se potenciaron. Vestido de violeta, el pibe nacido en Montevideo sufría.

Ya no estaba Gonzalo Martínez, transferido al Atlante United. Y aunque el efervescente triunfo en Madrid todavía estaba fresco, el hincha era muy exigente con el volante creativo que llegó en 2017 desde Liverpool. Entonces, el Muñeco reconoció en la conferencia de prensa: «La presión de la gente siempre va a estar. Va a depender de cada futbolista tratar de cambiar eso. Yo creo en los futbolistas e intentaré darle la confianza para poder explotar sus virtudes. A De La Cruz todavía le cuesta, es un jugador joven». Y agregó: ¿Cuánto tiempo estuvimos con murmullos por Martínez? Eso puede cambiar, miren cómo se fue ahora el Pity. El murmullo se puede cambiar por aplauso. Intentaré cambiar eso, como así también lo intentaré con otros futbolistas».

Hay que creer en Gallardo, como él mismo dijo hace once meses, después de otra derrota en Núñez, esta vez ante Gremio. «Que la gente crea porque hay que creer en este equipo», sostuvo. Y se impuso en la revancha de Porto Alegre. Pero pocos creyeron en De La Cruz. Sólo el Muñeco, su cuerpo técnico y algunos compañeros.

Por eso ahora que grita fuerte en la Nueva Olla, que se saca la espina de un auténtico día de miércoles entre los despachos judiciales de Asunción, De La Cruz debe recordar aquellas sabias palabras de Gallardo. Porque pocos confiaron en sus condiciones. Jugando por adentro, con el perfil diestro, enganchado con habilidad hacia adentro o hacia afuera, asistiendo y llegando al gol, el joven de 22 años mostró toda esa jerarquía que llevó a Rodolfo D’Onofrio a desembolsar 3.500.000 dólares por el 25% del pase del jugador.

Hermano de Carlos Sánchez, volante derecho que ahora juega en Santos, De La Cruz recién empezó a afirmarse en el desenlace del torneo pasado. El 3 de mayo marcó un hat-trick en la Copa de la Superliga ante Aldosivi. Esa noche, River goleó 6 a 0 a los marplatenses y muchos empezaron a pedir perdón en las redes sociales. Si hasta lo bautizaron «De La Cruyff», un juego que tiene que ver con su apellido y el del talentoso holandés.

«Me puedo equivocar en las decisiones o las esperas, pero muchas veces uno no elige por capricho, decide convencido. Y la espera vale la pena. Hay procesos que no son iguales, los futbolistas son diferentes y uno como entrenador intenta darle el mejor espacio para que puedan desarrollar su carrera. Dentro de las exigencias de River, que no suele esperar por la impaciencia y el deseo inmediato, ahí es donde tengo que estar convencido de que a algunos futbolistas hay que esperarlos un poco más. Prefiero seguir equivocándome y teniendo esa paciencia para seguir apostando a los jugadores que considero que tienen condiciones para darle buenos resultados a River», analizó Gallardo sobre Nico, quien tuvo una noche de revancha después de haber pasado un momento difícil por una vieja rencilla cuando jugaba en el Sub 20 de Liverpool.

No se equivocó el Muñeco. Como tampoco, con Martínez, aquel del que sus hinchas todavía se jactan de gritar «y va el tercero, y va el tercero» en el Santiago Bernabeu. De La Cruz es el nuevo Pity. Ya dejó su marca ante Cerro Porteño con un gol necesario para asegurar la clasificación a las semifinales de la Copa Libertadores. Le falta imprimir su huella ante Boca. Tiene tres Superclásicos por delante para lograrlo.