Jugador orquesta. Sánchez Miño es una solución para los entrenadores. (Foto Clarín)

Hay una máxima que reza «el que mucho abarca, poco aprieta» y traspolada al fútbol podría generar un interrogante respecto a los polifuncionales. Más allá del talento individual, muchos técnicos encuentran la versatilidad de algunos futbolistas una solución para hacer remiendos. Ahora, ¿le conviene al jugador ser una rueda de auxilio o especializarse en un puesto?

Diego Simeone, uno de los mejores entrenadores del mundo, hizo un culto de los polifuncionales. Saúl, Thomas o Lucas Hernández, por citar un puñado de casos, se han destacado en distintas posiciones en Atlético de Madrid. Alejandro Sabella también cree en aquel jugador que explota sus capacidades en varios sectores del campo. Para Claudio Borghi, en cambio, «un polifuncional es el que juega mal en todos lados».

Independiente tiene un caso testigo en la era de los versátiles. De Juan Sánchez Miño se trata. A los 29 años, es difícil de clasificar. Habrá que decir que se trata de un todoterreno. Se crió en Boca como carrilero izquierdo, de esos que son punzantes y desbordan, pero debutó como lateral de la mano de Roberto Pompei, quien tomó el equipo interinamente tras la renuncia del Bichi. Con Julio César Falcioni volvió al mediocampo. Y fue campeón.

Fue transferido al Torino y volvió tras un fugaz paso por el calcio a Estudiantes. Un año después, migró a Cruzeiro. De Brasil regresó para vestir la camiseta roja. Jugó con Gabriel Milito, pero brilló con Ariel Holan. Y jugó de todo, hasta de marcador central.

«Yo quiero jugar donde haya un espacio. No tengo problemas”, suele decir este porteño nacido en Saavedra al que recomendó Ramón Maddoni para llegar a las inferiores de Boca. Y la versión que se observó el sábado ante Colón dejó claro que puede ser un gran volante interior. Ese vértigo que tenía en sus comienzos dio paso a una versión más pensante.

Sánchez Miño manejó la pelota y tendió líneas de pases en forma permanente. De adentro hacia afuera y cuando lo presionaron hizo un rodeo y buscó descarga. Curiosamente, no terminó las contras que podrían haber garantizado el triunfo del Rey de Copas mucho tiempo antes. Rompió, encaró con la pelota dominada, pero no logró cambiar de frente. Se cerró contra la raya y las jugadas se diluyeron. No obstante, fue clave en el funcionamiento de Independiente.

«Jugué de todo en Inferiores y Reserva. De volante, de enganche, de número 6, de lateral y doble 5. Y eso me sirvió para aprender», afirma Sánchez Miño, quien tuvo un espejo que envidiaría cualquier volante: Juan Román Riquelme. Jugador multioficio, empieza a ser fundamental en la estructura del equipo de Sebastián Beccacece, otro adorador de la polifuncionalidad de estos tiempos modernos.