Diego feliz. Con su abogado, Matías Morla, y Gabriel Pellegrino, presidente de Gimnasia. (Foto Twitter)

Vuelve Diego al fútbol argentino. Un golpe de efecto en Gimnasia, un club agobiado por el descenso, último en la tabla de promedios y en el sótano de las posiciones. Y la imagen genera un boom: vestido con la camiseta azul y blanca, asoma el 10 en la espalda y su apellido en letras grandes. Difícil que el hincha no se conmueva. Si el camino a la Primera Nacional parecía inexorable después de la derrota ante Argentinos Juniors, Maradona es una esperanza de supervivencia.

Cerró trato rápido Diego. Se movió con velocidad Christian Bragarnik, el empresario más poderoso del fútbol argentino. Se juntó con Diego y Matías Morla, abogado y representante del astro, en la casa de Bella Vista. Una videollamada con el presidente tripero, Gabriel Pellegrino, bastó para programar el encuentro de este jueves por la tarde. Entonces, se vieron cara a cara. «Lo noté más entusiasmado de lo que pensaba», dijo el dirigente, quien salió a la puerta del domicilio de Maradona para cumplir con la guardia periodística.

«Tiene muchas chances», confió Bragarnik respecto al ayudante de campo, Sebastián Méndez. El Gallego será el técnico bis. Diego, se sabe, dirige en doble comando. No irá todos los días a Estancia Chica, está claro. Estará en el banco, claro. El debut será el domingo 15 a las 11 de la mañana contra Racing, el último club que dirigió en la Argentina hace 24 años. No le fue nada bien. Eran sus comienzos junto a Carlos Fren, ex compañero en Argentinos Juniors.

¿Cuánto puede influir Maradona en un plantel que viene sacudido por tres derrotas consecutivas y está ubicado a 11 puntos de Colón, el equipo más próximo a la delgada línea que separa la zona roja de la continuidad en Primera División?

Los rivales lo recibieron con honores en las redes sociales: Lanús, Racing, Independiente y Banfield fueron los primeros. «Diego es el más grande y nos viene a dar una mano», dijo Pellegrino. Para el fútbol argentino es Gardel. Levantó la copa dorada en México ’86. Hizo un gol legendario contra Inglaterra en tiempos calientes. Jugó con el tobillo hinchado como una pelota en Italia ’90. Fuera de los márgenes del campo de juego, vivió rodeado de escándalos que los hinchas miraron de costado. Sólo importa, en definitiva, la magia que desplegó sobre el verde césped.

¿Qué puede dar como técnico? Un 4-4-2 fue su último esquema en Dorados de Sinaloa, un equipo mexicano que se quedó en las puertas del Ascenso. Ya había perdido la posibilidad de subir a Primera con el Al Fujarah de Arabia Saudita. La historia es diferente ahora. Deberá afrontar las presiones de un fútbol que estará pendiente de todos sus movimientos.

Como estrategia de marketing, en cambio, es un shock. Los hinchas hicieron largas filas en la puerta de la sede de Gimnasia para asociarse o ponerse al día. Lecoq Sportif, la marca que viste al Lobo y que Diego lució en México, está abarrotada de pedidos con la «10». Y hasta calentó el clásico de La Plata, que se disputará el sábado 2 de noviembre a las 15.30, por una vieja rencilla con Juan Sebastián Verón, mandamás y símbolo de Estudiantes.

Será cuestión de creer en la mano de Dios. Lo último que se pierde es la ilusión. Maradona le devolvió la fe a Gimnasia. No es poco cuando se mira la tabla.