Diego Maradona, el día en que asumió como entrenador de Racing. (Foto Clarín)

Ahora, justamente ahora, que Diego Maradona empieza a probarse el traje de entrenador de Gimnasia -este miércoles habrá una reunión clave-, hay que mirar 25 años atrás. Y repasar sus tormentos comienzos en esa profesión que, según declaró, tuvo como musa inspiradora a César Luis Menotti. Sí, aunque llegó a la gloria mundial de la mano de Carlos Salvador Bilardo, a Maradona le picó el bichito gracias al Flaco.

«Siempre tengo presente la frase de César. Guapo no es salir a golpear, guapo es el que sale a jugar y yo creo en esto», decía en octubre de 1994, a horas de corporizarse en entrenador de Deportivo Mandiyú, el primero de los clubes que dirigió. Acompañado por Carlos Fren, ex compañero en Argentinos Juniors que había secundado a otro crack, Ricardo Enrique Bochini, en Independiente, llegó a Corrientes de la mano de Roberto Cruz.

De la mano de Carlos Saúl. Menem fue clave para que Maradona asumiera en Mandiyú. (Foto Clarín)

El diputado justicialista, amigo de Carlos Menem y Eduardo Duhalde (entonces, presidente de la Nación y gobernador de la Provincia de Buenos Aires, respectivamente), quien fue interventor del Ceamse, le había comprado el club a Eduardo Seferian. El empresario estaba agobiado por una deuda de 1.200.000 dólares. Cruz contrató a Alberto Rendo como manager y Toscano recomendó a Pedrito González. El ex River no funcionó al frente del equipo y Maradona fue un gran golpe de efecto.

Todavía fresca la imagen del Mundial de Estados Unidos, cuando salió de la mano de la enfermera Sue Carpenter rumbo al control antidoping que le cortaría las piernasDiego encontró «un proyecto de vida», según su propia definición, mientras esperaba el levantamiento de la sanción que le impuso la FIFA.

«No fue una sorpresa porque yo necesitaba trabajar, lejos de los cortos, pero cerca de la pelota», dijo Diego. Y se embarcó a la aventura correntina en la tierra de su padre. Mandiyú necesitaba zafar del descenso y tenía en el equipo, ni más ni menos, que a Sergio Goycochea, su ex compañero de hazañas mundialistas. También estaban el boliviano Luis Cristaldo, el venezolano Gerson Díaz, el paraguayo Guido Alvarenga y el uruguayo Héctor Morán, todos futbolistas con pasado en sus selecciones.

De camisa blanca de mangas cortas y corbata multicolor, el look que este polifacético personaje eligió para su debut como entrenador, se instaló en un balcón especialmente diseñado en la cancha de Huracán Corrientes, donde Mandiyú jugaba de local. Y hubo una particularidad: enfrente estaba Pedro Marchetta, ahora en el banco de Central. El mismo técnico que dirigía Independiente cuando Diego, un año atrás, vistió la camiseta de Newell’s en su regreso al fútbol argentino.

Los rosarinos ganaron 2 a 1 con goles de Omar Palma y Pablo Vitamina SánchezAngel Bernuncio había empatado transitoriamente para Mandiyú. Fue el preludio de una campaña muy pobre: apenas un triunfo (3 a 0 a Gimnasia de Jujuy), seis empates y cinco derrotas.

Dos meses duró Diego en Corrientes. Del 3 de octubre al 6 de diciembre. En el medio, denunció una campaña en su contra. Después de una derrota ante Independiente, declaró que lo habían «afanado» y disparó contra Julio y Héctor Grondona (entonces, vice del Rojo). Su despedida fue, casualmente, ante Racing, que a pesar del 25% de eficacia cosechado en Mandiyú decidió apostar a su influjo. Ya habían pasado casi 30 años desde la última consagración.

«Me voy muerto», decía Diego. Y con esa capacidad de resiliencia que lo acompañó durante toda su vida, encontró una nueva oportunidad en la Academia. Juan De Stéfano se juntó a tomar «varias botellas de agua mineral» en Corrientes después de aquel 0 a 0 que marcó el adiós de Maradona de Mandiyú.

El presidente de Racing le ofreció el doble comando: mientras cumplía la sanción de 15 meses por dóping, sería el técnico. Y después, se pondría la 10 de la Academia. Diego se entusiasmó y el viejo caudillo de Avellaneda tuvo un aliado para sostener económicamente el sueño celeste y blanco. Eduardo Eurnekian, dueño de América TV, financió el contrato de Maradona que, otra vez, llegó secundado por el leal Fren.

Apretón de manos. Diego con Eurnekián y De Stéfano en la firma de su contrato con Racing. (Foto Clarín)

Hubo furor en Avellaneda con 1.500 personas que se acercaron al Cilindro, esperanzados de terminar con la racha negra, para la presentación. La pretemporada en Santa Teresita tuvo una repercusión mediática pocas veces vista.

«Esta es una oportunidad enorme. De ahora en más, lo único que sirve es ser campeones», arengó Diego a su tropa. Tenía en sus filas a Nacho GonzálezGustavo CostasTeté Quiroz y el Piojo López como principales referentes. Sin embargo, sus problemas personales derivaron en repetidas ausencias.

Una pelea conyugal con Claudia Villafañe; una misteriosa desaparición de cinco días; periodistas que tocaba el timbre de su casa de Segurola y Habana, donde tiempo después invitó a pelear a Julio César Toresani; rumores de internación. Todo desde el 26 de marzo, cuando Racing perdió 2 a 1 con San Lorenzo, hasta el 1° de abril, momento en el que reapareció ante las cámaras de América, el canal que le pagaba el sueldo. Pidió 20 días de licencia, anunciando que iba a retomar la actividad como jugador para septiembre. Dejó el equipo en manos de Fren y recién volvió a la cancha para el partido con Gimnasia de Jujuy, uno de los más aburridos 0 a 0 que se recuerden.

Su ciclo también fue breve. Como en Mandiyú, Diego sólo estuvo dos meses en el cargo. Fueron 11 partidos, pero Maradona sólo estuvo presente en 5 de ellos. Hubo uno muy destacado, con Fren en el banco: Racing le ganó 1 a 0 a Boca en la Bombonera después de dos décadas con un gol de Roberto Galarza. Fue el 16 de abril de 1995.

Tres semanas después, el 5 de mayo, dejó el club. Las elecciones que ganó Osvaldo Otero dieron paso a su salida. «Parece que la gente no quiere que juegue en Racing», dijo. Le había dado su apoyo a De Stéfano. Era el final de sus tumultuosos días como técnico en el fútbol argentino. Después, volvió al fútbol con la camiseta de Boca. Hasta que retomó su trabajo del otro lado de la raya con la Selección en 2008, después de la rebelión que los jugadores le hicieron al Coco Basile. Pero esa es otra historia, claro.

(Nota publicada por Daniel Avellaneda en Clarín)