El Chino infla el pecho en las entrañas de la Bombonera. Camina sus pasillos y parece un guía turístico. «Esto era un palomar. Acá había goteras… Sin plata, (Alberto J.) Armando hizo milagros. Yo no me olvido que tuvimos que jugar con los números pintados en la camiseta. Y mirá lo que es el club, una maravilla, lo más grande del país», se jacta Jorge Benítez, un «8» de antaño que conoce el paño azul y oro como pocos. Si fue campeón de la Copa Libertadores y de la Intercontinental con Juan Carlos Lorenzo, el inolvidable Toto. Si también se dio el gusto de ganar la Sudamericana sentado en el banco. Abre las puertas de su casa, «porque nunca me fui», y charla mano a mano con Clarín en la previa del primer epidodio de la saga de Superclásicos. Se sienta en la cabecera de la vieja mesa presidencial de Brandsen 805 y dispara una mirada crítica. Por lo que sucedió en Madrid, claro. Aunque dice tener la fórmula para vencer a River.
El Chino Benítez en su “casa”, la Bombonera, habló de todo. Y de todos. (Foto: Clarín)

-Los periodistas solemos preguntar qué partido imaginan y ustedes responden, pero parece difícil ponerse en los zapatos de estos jugadores después de la final del Santiago Bernabéu. ¿Cómo creés que se sienten por estas horas?

-Imagino que debe ser difícil para ellos, aunque es distinto a nuestra época. Nosotros vivíamos todo el tiempo con la camiseta puesta. Ahora, los chicos están seis meses o un año y se van. Pero no dudo de que deben sentir el dolor de la gente en la calle y eso le llega a la familia.

-En diciembre dijiste: «No hay revancha». ¿Tan tajante sos?

-Es que nunca va a haber una final como la de Madrid. Y el que figura es el que ganó. Boca va a correr de atrás. Tiene que pasar algo excepcional. Sé que a esos muchachos les debe haber quedado una sensación muy fea. Conocieron todo, la gente, el estadio… y no haberle dado esa satisfacción a los hinchas debe haber sido terrible para ellos.

-Supongamos que Boca elimina a River y gana la Copa. ¿Ni siquiera así se saca la espina?

-Sí, pero es una espina chiquita. Si le ganamos el domingo y lo dejamos afuera de la Copa, está bien. Es un logro. Pero ellos te van a levantar una mano y te van a decir: «9 de diciembre». Y vos te la podés bancar porque el hincha de Boca tiene polenta y llena todas las canchas, porque tiene un carácter muy pasional y no le importa nada.

-Pero el hincha de Boca puede retrucar: «River se fue a la B».

-Sí, eso va a estar toda la vida. Pero yo soy de los tipos a los que les gusta ganar. Si pierdo, me duele. Si gano y en una situación como esta, no te vas a olvidar más de mí.

-¿Creés que Boca tiene más para perder que River?

-Yo creo que River va a jugar distinto. Boca tendría que ganar las dos semifianles para silenciar un tiempo, pero siempre habrá alguien de River que te mire de arriba. Son más difíciles para Boca que para River estos partidos.

-De los titulares en Madrid, hay 8 que ya no están. Así y todo, ¿creés que pueden pesar los antecedentes?

-No le voy a poner una carga a Alfaro. Ni loco. Y a los muchachos que llegaron ahora, tampoco. Ninguno tuvo que ver con lo que pasó en Madrid. Pero en el inconsciente del jugador debe estar eso que se habla en la casa o comenta el vecino: «¿Cuándo nos vamos a recuperar?». Ellos no jugaron con River, pero ahora tienen puesta la camiseta. Gustavo arranca de cero, pero tiene que ganar. Si arranca perdiendo, está frito.

-¿Qué valor le das a la partido del domingo?

-Todo el valor.

-¿Pero no son más importantes las semifinales?

-Todos son importantes. Yo iba a Mar del Plata y quería ganar. Si el técnico no gana, se tiene que ir. Y si no ganás la Copa, menos te vas a quedar. Y el jugador vive de eso. Por ahí te gana Talleres, como le pasó a River el domingo. Pero le ganás a tu rival y se terminaron las críticas. Hasta podés jugar mal contra River y no importa. Así pensábamos en nuestra época. Queríamos ganar 1 a 0 y chau. A nadie le importaba cómo se jugaba. Y sigue siendo igual. A mí un técnico me dijo: «Vos sos subcampeón en la AFA y en la chapa de la federación dice ‘campeón’, no dice ‘segundo'».

-Sos de la teoría de que «del segundo no se acuerda nadie».

-Nadie.

-Pero de este Boca sí que se acuerdan.

-Sí, pero de manera negativa. Prefiero que no me recuerden de esta manera. De que me sacaron, me ganaron, que la Conmebol… No, no me interesa.

-¿Creés que estuvo bien la limpieza que se hizo después de la final de Madrid?

-Yo creo que algunos jugadores no se tendrían que haber ido del club. Porque si estás armando un equipo para futuro, alguno tenés que rescatar. No le podés echar la culpa a todos.

-¿A quiénes te referís?

-Pablo Pérez no se tendría que haber ido. No hay un jugador como él. Y eso que yo soy de los tipos que dice que es demasiado loquito. Pero nunca le tuvo miedo a la pelota. Son resoluciones que se tomaron. No sé si fue una marca ser capitán. A lo mejor se trató de un problema interno con alguien, pero no lo conozco. Para mí, por su calidad, por atrevido, lo hubiese dejado.

-Dijiste que le faltaban líderes al plantel. ¿Tevez no puede ocupar ese rol?

-Carlitos es un muy buen ejemplo. En el manejo del vestuario, en lo que aprendió en Europa, pero dentro del campo de juego hay que tener un tipo que te hable, que mande. Y Carlitos es otra cosa. Es el líder de las personas, el tipo que le debe hablar a los pibes y debe tener una relación genial, porque lo he tenido de jugador y es accesible en todo. Pero no es de correr al árbitro, de gesticular. En mi época teníamos al Chapa (Suñé), Pancho Saá, Hugo Gatti, el Tano Pernía…  El Boca de Bianchi lo tenía a Bermúdez, a Serna, a Basualdo, a Ibarra… Ellos te armaban el equipo. La virtud del técnico es elegir a los jugadores. Y dentro de la cancha tiene que haber un tipo que conduzca. El equipo es una empresa. Si funciona mal, se  funde. Cuando trabajaba en el mercado de Gobernador Castro, el jefe nos decía: «Acá traje la verdura, la fruta, acomodámela. Si te elegí es porque vos me podés manejar esta zona». Ahora, si vos sos embalador y me mandás a juntar los cajones, la fruta no va a salir con brillo. Le daremos tiempo a De Rossi.

-¿Vos creés que el italiano puede ser ese líder que necesita Boca?

-Sí. ¿Y sabés por qué? Yo lo veo en las imágenes, también en la cancha, y observo que habla mucho y cubre los espacios en silencio. Cuando pierde la pelota, corre rápido para atrás y te cierra la puerta enseguida. Nunca le mira el número a los rivales. Y eso es muy importante. Y habla. Un día lo vi haciéndole gestos a los defensores: «Achicame porque si salgo lejos y la defensa queda estática, el hueco lo gana el rival». Me parece que puede ser productivo. Si se adapta, no se enoja un día y se toma un avión a Italia, De Rossi puede ser el líder que le hace falta a Boca adentro de la cancha.

Benítez y los trofeos de Boca. Fue campeón de la Libertadores y de la Intercontinental, como jugador. Y de la Sudamericana, como técnico. (Foto Clarín)

-River es el mismo equipo que ganó la Libertadores, con algún retoque. Boca cambió  hasta el técnico. Así y todo, ¿no lo ves mejor ahora?

-Más allá de que tengas un enorme equipo, la suerte te tiene que acompañar. Lo bueno es que a Boca no le hacen goles, pero (Esteban) Andrada es figura. Ojo, no es el único caso. Recorré el último año del fútbol argentino, ¿dónde viste que todos los arqueros sean figuras? ¿Qué pasa?  Me gusta (Nicolás) Capaldo es un volante pensante, que juega bien, tiene media distancia, va y viene y cubre su lugar. Pero los laterales son clave. Creo que en el tiempo corto, si logran cerrarse rápido, pueden hacer un buen equipo en el mediocampo y la defensa no va a sufrir tanto. Porque River te hace mucha diagonal, te trabaja la espalda muy bien. Alfaro logró que los laterales no se vayan tanto al ataque. ¿Quién dijo que con seis tipos podés hacer goles? A mí me enseñaron que los laterales son de sorpresa y descarga. Y si hacen un gol hay que hacer un asado, una fiesta. Así era en mí época.

-Pero el fútbol cambió desde tus tiempos.

-Porque se pone mucha gente en la mitad de la cancha y no hay creación. El único equipo que rompe es River. Porque está la pelota de un lado y el volante del otro lado y te rompió la espalda del contención. Con respeto, a mí que me digan que los técnicos modernos son unos fenómenos. No, no me vengan con eso. Con mi cabeza de antes, puedo dirigir ahora. Lo único que tengo que decirles a los jugadores es que no se desesperen. Yo veo un video. ¿El jugador no ve el partido? Si a Nacho Fernández lo dejás solo, te va a complicar. No les des el espacio y listo. No es tan difícil. Cerrando espacios y cubriendo la zona, tenés menos problemas. Pancho (Saá) no le pegaba a nadie. (Roberto) Mouzo, tampoco. Lo que me hacían correr… Pero yo no los soltaba a los rivales hasta que llegaban a su zona. Estaba prohibido dejarle un resquicio al rival. El defensor te decía que estabas jugando con su plata. Si vos de noche caminás y escuchás un ruido, ¿qué hacés? Te das vuelta. Es lo mismo. ¿Es tan difícil el fútbol? No. Es diálogo claro. Y corto. Porque el jugador es muy fastidioso.

-¿Gallardo es el Bianchi de estos tiempos?

-Gallardo es muy inteligente, te juega con el déficit del rival y te lo demuestra, el jugador está convencido. Es un técnico que no tiene muchas vueltas. El liderazgo es suyo. Es muy inteligente. No tengo que negarlo por más que sea de River. El tipo está en el banco pensando dónde te puede lastimar. ¿Sabés qué jodido tener un técnico así enfrente? No sé si compararlo con Carlos. Es otro tema.

-¿No creés que en el mano a mano Boca tiene más ventaja con Alfaro que con Guillermo?

-Por su fórmula de juego, puede ser, aunque todavía no me gusta. El otro día dijo «yo tengo que clasificar». Y no se va a regalar. La Copa Libertadores es diferente. Voy afuera y depende cómo sea el rival, te juego. Siempre tengo dos o tres tipos que te lastimen. No puedo tener ocho defensores. Los laterales de River siempre fueron figuras y nunca pudieron superarlos. Ahora hay más chances de que así no sea.

«Espero que Macri no me haya echado por moralista»

La renuncia indeclinable en el vestuario del Monumental fue un mazazo. No lo pudieron convencer los dirigentes de que pegara el portazo en la casa del máximo rival. Sin embargo, Miguel Angel Brindisi no dio un paso atrás después de la derrota (2 a 0) ante River. Y Mauricio Macri, que por entonces no imaginaba estar sentado en el sillón de la Casa Rosada, apostó por el Chino. Tomó un fierro caliente, ganó la Copa Sudamericana 2004 pero su ciclo terminó abruptamente por una agresión deleznable, de la que dice estar arrepentido: el histórico escupitajo a Bofo Bautista, volante de Chivas de Guadalajara. Pasaron 14 años, pero Benítez cuenta detalles pocos conocidos.

-¿Pensabas que ibas a ser el técnico de Boca?

-No, pero fue una situación muy difícil para el club porque era el único hombre que estaba a mano cuando renunció Miguel.

-¿Sentís que desaprovechaste la oportunidad?

-No me dieron más oportunidades. Ni cuando arranqué, más allá del respeto que guardo por ese plantel. El cambio necesitaba otra cosa. Si me hubieran comprado 20 jugadores hubiera sido campeón del mundo. Mirá este plantel hermoso. Tenés seis mediocampistas. Destruyen, juegan bien, son peleadores… ¿De seis no voy a sacar tres titulares? Tenés seis delanteros. ¿De seis no voy a sacar dos? Pero no estoy haciendo responsable a nadie. Yo sólo pedí dos jugadores y no me los trajeron. Al Pocho Insúa se lo compraron al Coco Basile. Sé lo que Boca necesita: un jugador para asustar. Uno que vuelva locos a los rivales y alimente a los de arriba. No que no corra al rival, que lo corran a él. En cuanto le llegue la pelota dos veces, no lo van a dejar más solo. Ese es el enganche. Yo le dije a Mauricio: si vos me traés estos dos jugadores, salgo campeón del mundo. Me dijo «en junio te los traigo». Yo le contesté: «Si no gano la Copa Libertadores me tengo que ir». Y me fui.

-¿No te fuiste por el escupitajo?

-Espero que Macri no me haya echado por moralista. Estuvo mal el escupitajo, claro. Fue un momento de calentura, estaba en la cancha de Boca y me sentía mal porque nos estábamos quedando afuera de la Copa. El jugador (Bautista) no tendría que haber salido por donde salió. Y reaccioné mal. Por eso 15 días después de que me echaron, me pagué un pasaje de avión y un hotel y me fui a México para pedir disculpas. Fue 15 días después de que me echaron de Boca. No quería que confundieran el tema con una cuestión nacionalista. Me vino a buscar el vicepresidente del club, fui a la cancha y hablé con todos los jugadores. Ofrecí disculpas al fútbol en general, el estadio se revolucionó ese día. Incluso estaba (Omar) Bravo, cuando entré a la cancha me silbó la tribuna. Un señor Bravo. Hizo un gesto y todos se callaron. , dijo «no». Estuve dos días y me volví.

-Te fuiste de Boca y tuviste un breve paso por Deportivo Quito y Municipal de Guatemala. ¿Por qué no seguiste dirigiendo? ¿Te arruinó la carrera el escupitajo?

-Seguro. Por los moralistas. Y yo no tenía representante. Ahora, te llaman de todos lados. En Guatemala llegué a las semis de la Champions. Me eliminó Houston. Después, me quisieron llevar a la Selección, pero me ofrecían dos años. ¿Qué voy a hacer en tan poco tiempo? Fui honesto con el presidente de la federación y le dije que «no». Mi trabajo no lo hice mal en Boca. Si vos en tres meses estás en la final de la Sudamericana, algo bien hiciste. El plantel estaba, pero yo lo tenía que levantar. Nos tocaba jugar en Paraguay. Yo les decía a los jugadores: «Estas copas son todas de ustedes, no son mías». Y logramos otra. El diálogo era muy claro.

-Dijiste que Carlitos es distinto, pero a vos te tocó lidiar con un Tevez bravo.

-Muy poquito. Conmigo tuvo charlas de fútbol normales. Solo, cara a cara, y después, generalizada. Carlos entendió porque era un tipo importante. Pero fue con todo respeto. Después, se fue a Brasil. Y no me lo volví a cruzar, porque no me gusta farandulear, ni meterme con los jugadores.

El gol a Bolívar. Con Carlitos tuvo algún cortocircuito. (Foto Twitter)

-¿Fue difícil manejar un vestuario con tantas figuras?

-Que venga a alguien a decir,e que le falté el respeto. No vas a encontrar ninguno. El único que se enojó fue (Cristian) Traverso. Hice un cambio lógico. Habíamos perdido 4 a 0 en México y necesitaba un jugador más rápido para la revancha. Por eso lo puse a Morel Rodríguez. Me hacía la diagonal más rápido. Sabía que se iban a ir los laterales y el Flaco Schiavi. Después de eso, dejó el fútbol. Al tiempo me lo encontré y me la hizo entender. Aclaramos los tantos. «¿Por qué no me lo dijiste antes?», me reclamó. Tengo que tomar decisiones. Y si no, juego con mi primo o con mi hermano. Yo nunca quise chapear aunque había ganado la Libertadores y la Intercontinental con Boca. Habían ganado todo con Carlos (Bianchi), yo no los iba a tirar abajo.

-¿Te imaginabas que Macri iba a ser Presidente de la Nación?

-No, la verdad que no. Hablamos mucho con Mauricio en aquel tiempo, me apoyó hasta el  último momento. Me llamaba a las 7 de la manaña y a las 10 de la noche. Yo estaba siempre temprano en los entrenamientos. A la fiesta vos llegás primero, si llegás último te miran de arriba abajo que tenés puesto.

-Volviste a hablar después de que te despidió.

-No, no… No me gustaron ciertas cosas, hubo situaciones que me molestaron. Según me dijo en ese momento, él era el presidente y yo, el gerente. «Y si somos vos y yo, ¿por qué hablás con el plantel?», le recriminé. No creo que su papá hiciera eso. Pero como presidente, me quedo con Armando sin plata y con Macri. Y Daniel (Angelici) administrativamente está haciendo un club bárbaro.Yo viví una época brava de Boca. Cuando llegué acá era un palomar. Yo no me olvido de que nosotros entrábamos a la cancha por un túnel lleno de cascotes.