Goleador. Lisandro López marcó el primero de Boca con una de sus mejores armas: la pelota parada. (Foto Clarín)

El triunfo de alto impacto en estadio ajeno, ante ese rival que aun en la derrota ostenta la paternidad en el historial, es toda una síntesis de este Boca pragmático. No necesita brillar para sostenerse en la cima de la Superliga. Bajo aquel viejo lema del Toto Lorenzo, «si quieren chiches, vayan a la juguetería», Gustavo Alfaro prioriza un arco que parece blindado. Por Esteban Andrada, el hombre récord, y dos centrales antiaéreos, capaces de desactivar cualquier envío en el cielo del área. Cierra los caminos rivales, es directo para atacar y lastima con dos recursos válidos, más allá de resignar la pelota: la pelota parada y el contragolpe.

¿Qué postura tomaría Boca, cuestionado por refugiarse en el Monumental, enamorado de ese puntito que le permitió transitar con serenidad septiembre, a la espera del Superclásico de la Libertadores? Esa pregunta repiqueteaba en las horas previas. Y la respuesta se contestó de entrada, después de 120 segundos de ida y vuelta furioso, con una situación en cada arco. El puntero de volvió a ceder el protagonismo, aunque esta vez no se paró tan cerca de Andrada. Y si hubiera estado más fino Sebastián Villa, el resultado habría sido más holgado en el primer tiempo, no tendría que haber esperado hasta el final para asegurarlo en los pies de Jan Hurtado.

«Los rasgos del equipo son el compromiso, el sentido de pertenencia, la inteligencia para jugar un partido muy aplicado. Teníamos un déficit, la tenencia de pelota, si incrementábamos la tenencia íbamos a tener más condiciones para ganar, y había que hacerlo en un partido como el de San Lorenzo», dijo Alfaro en la conferencia de prensa.

Aún relegando del balón (59% contra 41% de posesión a favor del Ciclón), Boca tuvo el control del juego. Y aquí empieza a tallar una cuestión estrictamente vinculada con el gusto. Desde la construcción del juego, el equipo armó pocas paredes. Jugó largo para lastimar en la réplica con las corridas del colombiano o algunas pinceladas de Bebelo Reynoso, que demostró un plus: además de su talento, se sacrificó en el retroceso y colaboró con la recuperación. Y con un mediocampo en el que Iván Marcone y Nicolás Capaldo se entienden de maravillas, el líder del campeonato tiene solidez.

¿Le alcanzará para superar a su bestia negra en la semifinal de la Copa Libertadores? Esa es la gran incógnita. Necesitará mucho más que proteger a Andrada como hizo en Núñez, hace dos fechas. La estrategia sirvió, claro. Aunque Alfaro haya sido apuntado por los elitistas del balompié. De ganar se trata este juego. Le guste a quien le guste. Con su fórmula, Boca avanza en el torneo doméstico. River, el equipo que mejor juega y el que más brilla, será su examen más intenso.