Pensativo. Sebastián Beccacece evalúa qué hacer con su futuro. Defensa, por la Copa Argentina, es su límite. (Foto Clarín)

“Tengo a los jugadores de culo. Nos están pidiendo que echemos al técnico”.

La frase que lanzó un alto dirigente se escuchó en los pasillos de la Avenida Mitre 470. Y tuvo repercusión unas horas más tarde, cuando Sebastián Beccacece subió la apuesta: borró a Pablo Pérez y Nicolás Domingo, dos referentes. Una decisión fuerte que quebró la armonía del vestuario. Y, en simultáneo, le abrió la puerta de salida a un ciclo breve, pero cargado de frustración. Si el Rojo no supera al Halcón de Florencio Varela, casualmente el equipo que lo impulsó, el pelilargo pegará un portazo. Y Hugo Moyano no hará nada por retenerlo. Si ya le está buscando reemplazante. Preguntaron por Pablo Lavallén, actualmente en Colón y en conflicto con su presidente, José Vignatti.

Otros tiempos. Sonrisas de Beccacece, Domingo y Pérez en una práctica del Rojo. Cosa del pasado. (Foto Clarín)

Pérez es un hombre de carácter inflamable. Lo expone sobre el verde césped, ahí mismo, donde no quita la pierna y suma amarillas, más allá de su talento innegable. Volante interior, buen gestor de juego en el tendido de las líneas de pases, el rosarino insultó a la platea de Boca. Y al Rey de Copas llegó por pedido de Ariel Holan, el entrenador que había recuperado la mística histórica.

El profesor fue despedido en mayo y Beccacece tuvo que lidiar con un plantel pesado. El técnico había tenido roces con Pérez cuando era el ayudante de Sampaoli en Emelec de Ecuador. Para Beccacece, PP8 no era la primera opción. Hasta que se lesionó Pablo Hernández y volvió a darle lugar. Pero la paciencia se le agotó el domingo, cuando entró al vestuario caliente, a los gritos, y revoleó un pizarrón, según los testigos. Sus compañeros lo miraron azorados.

Pérez siguió jugando ante Lanús. Incluso, asistió a Silvio Romero en el 2 a 0 parcial. Gastón Silva, en tanto, dejó la cancha. Lo sustituyó Domingo, justamente. Una decisión que Beccacece no supo explicar en la conferencia de prensa. Si quería mayor proyección, ¿por qué sacó al uruguayo, clave en la maniobra del primer gol de Romero?

¿Y por qué decidió prescindir de Domingo, el más querido y ovacionado por los hinchas? ¿Hay algo más que una cuestión futbolística? Los jugadores quieren la cabeza del entrenador en bandeja de plata. No están conformes con sus manejos ni modos de comunicarse. En las prácticas de la semana para un equipo y a la hora del partido, mete mano inexplicablemente. Ante Estudiantes, en La Plata, sacó a Fabricio Bustos cuando se enteró de que Gabriel Milito haría dos cambios. Estaba pegada la planilla con el nombre del lateral cordobés. Terminó poniendo de entrada a Cecilio Domínguez. Independiente perdió 3 a 0. Después de este partido, hubo una reunión entre el plantel y el técnico con mucha autocrítica.

El club gastó 15 millones de dólares en refuerzos y hay mucho enojo por el caso de Alexander Barboza. Fue uno de los futbolistas más reprobados ante Lanús y está relegando a Alan Franco, crédito de la casa. Lucas Romero jugó en cuentagotas por una lesión. Andrés Roa y Cristian Chávez no llegaron por pedido del técnico. Ambos también tuvieron dificultades físicas.

Eliminado de la Sudamericana, la única vía para ingresar a la Libertadores 2020 es la Copa Argentina. Por eso es tan importante para Beccacece el partido con Defensa y Justicia. Sabe que una nueva decepción lo dejará sin margen. Y el infierno dejará de ser encantador, como reza la bandera inspirada en los Redondos.